Para los que quieran leer un poco (¿En qué estoy pensando?) y reírse un poquito (bué...):
Oltursa es una buena empresa, y siempre que he viajado, el servicio ha sido, por lo menos, aceptable.
El problema es que con el viaje de hoy, me he llegado a convencer de que, sin dudas hay algo que me persigue. Es un karma, un karma cruel y burlón, como ese amigo que jode y no sabe cuándo es demasiado.
Comenzaré por contarles la última de mis desventuras, no sin antes recomendarles que le den play al audio que he puesto junto a esta entrada, para que "disfruten" de este viaje tanto como yo.
Les presento a mi compañero de viaje, al que "cariñosamente" he bautizado como el "Kraken", y que por cierto acaba de despertarse e irse al baño, por lo que me temo que no disfrutaremos mas de su sinfonía nasal-gutural, para mi profunda pena. Y pues, resulta que este señor, de bermudas acampanadas y playera mas bien sencilla (eso si, celular táctil indispensable)que cualquiera confundiría con uno de esos congresistas que nadie conoce ni por el nombre, ni por un escándalo (vamos, a cuantos conocemos por hacer algo bueno); me ha tenido despeirto desde las 4 de la mañana, y son ya las 6; sin contar con las infinitas veces que me he despertado después de ser tragado al mas profundo vacío, por la mítica bestia, en mi pesadilla por supuesto. Y es que, si ya han tenido el privilegio de escucharlo concordarán conmigo en que este tío es excepcional. Es decir, no es la primera vez que me cruzo con un roncador profesional, incluso me han dicho a mí mismo que ronco cuando duermo. Pero es que (cjjje) nunca había oído a alguien que roncara como si hiciera gargaras de saliva con el perejil de la cena de ayer. No sé si a nadie más le molesta, porque estoy seguro que sus regalitos se oyen en todo el bus,
pero es que yo soy el desafortunado pasajero anónimo que se los sopla literalmente en su oído (jjjjjuajj) ven?
Antes de ponerme a escribir, pensé en pedir auxilio al tripulante, pero luego me imaginé la escena:
+Digame caballero (así me dicen ya :( ).
-Disculpe, el señor de mi costado ronca mucho y no puedo dormir (jjjcuajjjj).
+Aver... señor, señor, despierte, acá el señor de la ventana dice que sus ronquiidos no lo dejan dormir. Si hiciera el favor de no roncar por favor...
¿Es en serio? osea, ¡el tipo ni uta idea tenía de que roncaba!
Y claro seguramente su reacción sería, luego de mirarme con cara de leche cortada:
+Ah si..disculpe, espere que apago mi interruptor de ronquidos, que se me había quedao prendio chavál! Y esque la gente ronca conscientemente jajaja.
Disculpe ¿Podría cambiarme a un asiento vacío? se me ocurrío, y hubiera funcionado si hubiera alguno, claro. Espero que esten sufriendo tanto como yo con el audio.
Luego me pregunté si las empresas de transport einterprovincial no deberían hacer un test de prevención ronquil a sus pasajeros, y conformar una especie de zona de roncadores, para que vayan y se jodan en tre ellos, aver si son inmunes a su propio veneno.
Como decía, esto me hizo recordar aquel viaje en el que luego de regresar del baño noté unas manchitas cafés en mi polera nueva, si, esa que para mi desgracia le via puesta a Joel, en un color morado prosesión. Vamos, ¿Qué posibilidad hay de que caminando por Bolivar-Sucre, voltees y fijes la mirada en el televisor del chifa al lado del estacionamiento en el momento preciso en el que sale Joel de "al fondo hay sitio" (por cierto, me dieron gases de escribir estas cuatro palabras), vistiendo la misma polera que tienes puesta?
Pues decía que vi las gotitas cafés en mi polera negra, me parecieron rarísimas y extráñamente familiares y ahí lo dejé. No hubiera dado mayor importancia al asunto de no ser porque mientras esperaba mi equipaje, noté que varias personas tenían el mismo diseño impreso en sus vestiduras. Después de asegurarme de que no habían cámaras detrás de los puestos donde venden pan arequipeño, se aclaró en mi mente porqué resultaban tan familiares esas manchitas que varios teníamos en la ropa...¡Si, era lejía! De más está decir que el gerente siemrpe estaba de viaje y llegaba el lunes, martes miercoles, lunes, jueves y domingo.
O la vez que me toco de acompañante un tipo cuya cara me era conocida, tal vez un profesor del Isur, o un vecino de la alameda. El personaje se juraba el gurú del marketing, recuerdo que apenas se sentó, se quitó los zapatos y llam''o a la tripulante para quejarse porque no había WIFI, operación que repitió de manera incansable cada 5 minutos hasta que su muro de facebook dejó de ser interesante. Otra de sus manías, además de la de ir al baño cada cuarto de hora, era la de rechazar la comida que nos sirvieron, para reemplazarla con la peor cara de asco que he visto en mi vida. Por lo cuál puede tener razón, vamos, busquen acerca de la comida de los buses y los aviones. Pero tío, estoy comiendo, lo que menos quiero es que alguien ami costado vea mi comida como si estuviera cambiandole el pañal al hijo del vecino. Por cierto que yo como de la manera mas púdica que se puedan imaginar, Rosa puede dar testimonio de eso, así que las caras de ninguna manera las hacía pro mi forma de comer.
Lo más gracioso fué que después de llamar a la azafata un par de docenas de veces para explicarle como debía hacer su trabajo (literal) y que la comida olía asqueroso, por lo cual debía prender el aire acondicionado ( y luego la llamó para que lo apague y vuelva a prenderlo), luego de eso, cuando todos nos preparabamos para dormir...el tipo saca dos tapers con la comida mas olorosa y bulliciosa del universo, y se pone a comer como si no hubiera un mañana, como si don pedrito tuviera las horas contadas, ¡por dios! Pero claro, podría resumir todo contándoles que por supuesto luego de eso no llamó a la azafata para pedirle que encendiera el aaire acondicionado. Si este señor se dedica al marketing (que lo repitió hasta el cansansio), espero de todo corazón, que se encuentre desempleado en este momento, pero como soy realista, sé que debe ser cabeza del área de marketing de alguna empresa importante, y por supuesto dueño de su exitosa agencia de mercadotecnia, que en nuestor país, los comerciales de detergente de los 50's todavía funcionan.
Así mis queridos internautas, con una canción parecida al condor pasa, y los deprimentes videos que ponen las empresas de transportes, con fotos de lugares turísticos en slow scroll, me despido, con el Kraken tomando una siesta a mi lado, esperando haya alegrado tanto sus oídos como los míos, hasta el siguiente bus y la siguiente venganza del Karma.